En marcha, montaje mediático para difundir noticias falsas sobre la isla

Luis Hernández Navarro, 16 de febrero de 2026

La resistencia a convertirse en colonia estadunidense atraviesa los cultos afroantillanos

La Habana

La hora de Elegguá

En el callejón de Hamel, en el centro de La Habana, se levanta una instalación, en rojo y negro, con el símbolo del círculo y las flechas, dedicada a Elegguá, “mensajero príncipe”, deidad orisha. Mediador entre el todopoderoso y los humanos, es una divinidad dueña de los caminos y destinos, que abre y cierra la vía a la prosperidad o la desgracia.

Con un vívido mural que narra su historia y creencias, dos niños y un par de hombres jóvenes, como de 30 años, juegan beisbol sin bat. Gritan y ríen felices, aventándose la pelota de un lado a otro, como si estuvieran danzando.

Poco después, metros adelante, dos chicas trans afrocubanas, comienzan a escenificar un show para su comunidad. Una lleva un escotado vestido gris y su pelo teñido de rubio. La otra, un traje negro con adornos dorados, y el cabello rojo corto. El espectáculo no es para el turismo. En el callejón, hay apenas dos o tres extranjeros.

Niños y niñas, señoras y mujeres mayores observan la representación. Sonríen ante los desplantes de princesas de las artistas. Alguna joven las graba con su celular. Y las trans cantan a Ana Gabriel y a Juan Gabriel y a un montón más de compositores mexicanos, emulando a El Divo de Juárez, con pronunciación caribeña.

La combinación es poderosa. Un festival cultural no comercial, LGBT+, afro, con banderas gays ondeando sobre las paredes, en un barrio lleno de murales referidos a la santería, con símbolos yorubas por todos lados, y como público, familias reunidas en su totalidad, desde niños hasta ancianos. Y hartas canciones populares mexicanas.

Es un espectáculo celebratorio en medio de una de las más grandes crisis. Un acontecimiento en el que los ciudadanos de a pie festejan. Y, en el que, en medio del reventón, para que no haya dudas de qué lado late su corazón, Mario cuenta, como ejemplo de lo que el pueblo cubano hará hoy día frente a Donald Trump, el que, según él, fue el último discurso que dio Fidel Castro.

“Se creía –le dice a Jair Cabrera, compartiendo una copa de Negrón– que los estadunidenses iban a atacar a Cuba. Y en una de esas frases, el comandante comenta: me voy a despedir como los romanos, cuando iban a combatir en el circo. ¡Salve César! Los que van a morir, te saludan. Lo único que lamento, señor Bush, es no poder verle la cara, a usted, porque usted estará a miles de kilómetros de aquí, y yo estaré, en primera línea, para morir combatiendo, en defensa de mi patria.”

Cristiano

Joel Suárez Rodés es un ingeniero especialista en despacho eléctrico, comunista, integrante de la Iglesia bautista Ebenezer de Marinao. Amante de la nueva trova es uno de los principales impulsores del Centro memorial Martin Luther King Jr de Cuba. Es un personaje clave en la construcción de articulaciones regionales de movimientos populares en los pasados 35 años.

El centro fue fundado en 1987. Es heredero de la experiencia cubana y latinoamericana del cristianismo revolucionario, la educación popular, el internacionalismo y la solidaridad. Durante muchos años, su mayor empeño ha estado en la formación política, socio-teológica y pastoral, y en darle vida a grupos organizados territorialmente en un movimiento: Red Ecuménica Fe por Cuba y la Red de Educadores Populares.

Su apreciación sobre el momento actual está muy lejos de la complacencia. “Padecemos –explica– un estrangulamiento energético dramático, que afecta muchos órdenes en la vida nacional. No es sólo la energía eléctrica en los hogares. Se han tenido que paralizar actividades para destinar el poco combustible al que podemos acceder a centros vitales. Se mantienen niveles muy escasos de distribución eléctrica a las casas. Se nos impide elaborar el gas licuado con el que cocinamos. Los apagones impiden el funcionamiento de las hornillas eléctricas. Cocinamos con carbón y leña.

“Otra afectación es la que se produce en los hogares que no tienen neveras más grandes. Hay que cocinar los alimentos en cuanto se adquieren, para que no se echen a perder. No puedes comprar, en precios afectados por la inflación, porque se te corrompe la comida”.

Joel denuncia: “lo que hace Trump es profundizar una política de genocidio, contraria a todo derecho internacional. Utiliza el hambre y la crisis energética como instrumentos de guerra. Estados Unidos nunca ha soportado la rebeldía y el disenso de nuestro pueblo y su revolución”.

El Centro Luther King actúa en tres campos: la organización comunitaria de base, a la ayuda solidaria y la construcción de movimientos populares. La distribución de la primera debe sortear dificultades con las sanciones de los buques y las transferencias financieras, impuestas por Estados Unidos.

El centro recibe y distribuye contenedores de colchones, elementos de techo, tanques para el acopio de agua, enseres domésticos, equipamientos eléctricos, alimentos perdurables y medicinas. Promueve cooperativas de mujeres para el transporte, agricultura familiar y suburbana. Impulsa la soberanía alimentaria. Moviliza y organiza a la gente desde la autogestión.

Está instalando paneles fotovoltáicos para bombeo de agua y para centros de salud y educación, con la solidaridad del Movimiento Sin Tierra de Brasil y de organizaciones colombianas.

En los años recientes –puntualiza Suárez– en la sociedad cubana se van develando actores organizados de la sociedad civil, apelando a la solidaridad. Es importante la labor de solidaridad de las iglesias católica, protestantes y evangélicas, incluido el Consejo de Iglesias de Cuba.

El centro trabaja estrechamente con movimientos populares, organizaciones ecuménicas e iglesias de Estados Unidos y de América Latina. Fue relevante la ayuda solidaria que se distribuyó junto a Pastores por la Paz de Estados Unidos.

Para Joel es fundamental impulsar la denuncia y la condena a la política genocida de Washington. Hay que redoblar –advierte– la lucha antimperialista en la región.

El relumbrón informativo

El bar Capablanca, en la azotea del Hotel Nacional de Cuba, tiene fama de ofrecer algunas de las mejores vistas de La Habana. Desde allí, el paisaje de la bahía es espectacular. Y puede servir, también, de una especie de improvisado termómetro que mide el tráfico vial. No es difícil hacerlo: los automóviles que cruzan el malecón pueden contarse con los dedos.

En las inmediaciones del monumento nacional, los choferes de los almendrones –los coches americanos de la década de los 50–, aguardan la llegada de algún cliente que quiera pasearse por las calles semivacías de la ciudad.

En el jardín del hotel, los turistas graban videos en sus celulares, de un trío que interpreta sones, mientras los pavos reales se pasean como dueños del lugar. “Sus graznidos son insoportables”, explica Ernesto, un botones orgulloso de trabajar en el Nacional, que cuenta que la ocupación anda en 20 por ciento.

Al caer la noche, desde el mirador del mismo bar puede dibujarse un mapa de los relumbrones (como los cubanos nombran a los apagones) que oscurecen el barrio de El Vedado, y de los pequeños negocios que cuentan con plantas eléctricas. Un croquis cambiante con el paso de las horas.

Cosas de la guerra sicológica en turno, en contraste con la tranquilidad del lugar, en redes sociales se divulgó la especie de que al Hotel Nacional había llegado una delegación de periodistas extranjeros, para documentar la “inminente caída del régimen” en la isla.

Esas mismas cuentas, y otras similares, difunden, un día sí y otro también, falsos “cacerolazos en barrios habaneros y todo tipo de inexistentes expresiones de inconformidad popular. En cambio, decretan un “relumbrón” informativo, a la resiliencia de un pueblo que, a pesar de las penurias impuestas por el bloqueo, se niega a ser colonia estadunidense y a renunciar a su revolución.

Gran especialista en redes y guerra mediática, Rosa Miriam Elizalde explica: “la mentira no es un exabrupto aislado, sino parte de una campaña para consolidar la impresión de que no quedan caminos políticos y son inevitables las opciones ‘más duras’”.

Nunca fue tan necesaria en la Cuba de hoy, asediada por campañas de desinformación, mentiras y medias verdades, seguir al pie de la letra la máxima del periodista René Arteaga: “si te mientan la madre, corrobóralo, no vaya a ser una volada”.

https://www.jornada.com.mx/2026/02/16/politica/002n1pol